jueves 13 de octubre de 2011

EL 99



Esta mañana - tras mi clase de yoga - tenía cita con el ortodoncista. ¡ Sí, sí ! leéis bien. A mi años toca llenarse de "yerros" durante una temporadita que a priori será más corta de lo inicialmente esperado - un año frente a los dos con los que inicialmente se me había "amenazado"-.

Llegué puntual, como procuro siempre, pero un error en la agenda de la enfermera hizo que dispusiera de 15 minutos más de espera: ¡Odio las esperas! en general pero aún más si se trata de consultorios médicos. Pero la sala de espera de esta clínica, está surtida de un vasto a la par que ecléctico repertorio de revistas y periódicos, pues junto a aquellas denominadas de "corazón" ( que deberían llamarse más bien de "cama" ), se le unen las de Historia, Ciencia, Nutrición, Pediatría y alguna otra con la que me he topado hoy cuyo nombre no recuerdo pero que me pidió ser leída urgentemente...

Abrí la 3ª página y ¡ ahí estaba !. Un cuento alegórico que viene a resumir el origen de la Angustia que desola al Ser Humano Occidental del que estoy resuelta a alejarme sin echar la vista atrás. Quizás lo conozcáis. Para mí ha sido un descubrimiento. Espero poder transcribirlo de la manera más fiel posible... 

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 Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente, que era muy feliz.

Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno y despertar al rey  tarareando alegres canciones. Una gran sonrisa se dibujaba en su distendida cara y su actitud para con la vida era siempre serena y alegre.

Un día, el rey lo mandó a llamar:

—Paje –le dijo— ¿cuál es el secreto?

—¿Qué secreto, Majestad?

—¿Cuál es el secreto de tu alegría?

No hay ningún secreto, Alteza.

—No me mientas, paje. He mandado cortar cabezas por ofensas menores que una mentira.

—No le miento, Alteza, no guardo ningún secreto.

—¿Por qué estás siempre alegre y feliz? ¿eh? ¿por qué?

Majestad, no tengo razones para estar triste. Su alteza me honra permitiéndome atenderlo. Tengo a mi esposa y a mis hijos viviendo en la casa que la corte nos ha asignado, somos vestidos y alimentados y además su Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas, ¿cómo no estar feliz?.

—Si no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar – dijo el rey—. Nadie puede ser feliz por esas razones que has dado.-¡Vete!. ¡Vete antes de que llame al verdugo!.

El paje obedeció, marchándose presto y dejando así al monarca completamente fuera de sí pues no entendía cómo se podía ser feliz viviendo de prestado, vistiendo ropa usada y alimentádose de las  sobras de La Corte.

Poco después, mandó llamar al Sabio de la Corte y explicándole el incidente, le preguntó -¿Por qué él es feliz?.A lo cual el Sabio respondió que lo era pues estaba "fuera del círculo del 99".Y eso era lo que evitaba que fuera infeliz.

Pero el Rey no entendía lo que el Sabio quería transmitirle, de modo que el Sabio le pidió permiso al Rey para "invitar" al paje a entrar en dicho círculo mediante un "experimento", asegurándole que aún a sabiendas de que ello provocaría su infelicidad, el paje entraría. Además, advirtió al Rey, que éste se quedaría sin sirviente rogándole que se lo pensara puesto que estaba tan contento con él...

El Rey aceptó y el Sabio le pidió que preparara una bolsa de cuero con 99 monedas de oro; ni una más ni una menos; y que se reuniera con él cerca de la casa que habitaba el paje con su familia dentro de los muros del castillo.  

Al alba, ambos dejaron la bolsa a la puerta de la casa; llamaron a la puerta y se escondieron lo suficientemente cerca como para ver qué pasaba. El paje abrió la puerta y vio la bolsa. La abrió e inmediatamente la apretó contra su pecho entrando precipitadamente en la casa. El Rey y el Sabio se acercaron entonces a la ventana para observar qué ocurría en el interior.


  El paje se sentó en la mesa y vació el contenido de la bolsa sobre ella. ¡Una montaña de monedas de oro !: las tocaba, jugaba con ellas, contemplaba su brillo a la luz de la vela... de repente, comenzó a hacer montoncitos de 10 monedas... hasta que llegó al décimo montoncito y se dió cuenta de que había sólo 9 monedas.

 Nervioso, comenzó a buscar la moneda número 100 por el suelo, en el fondo de la bolsa, en los pliegues de su camisa...rehizo varias veces los montones, hasta que exhausto, exclamó:- ¡me han robado una moneda!

Se quedó pasmado contemplando los 10 montoncitos de monedas... -"99 monedas; 99 monedas es mucho dinero"...¡pero me falta una moneda!. Pasado un rato, guardó las monedas, tomó papel y pluma y comenzó a hacer cálculos. ¿ cuánto tiempo tardaría él en poder ahorrar para tener la última moneda de oro ? Estaba dispuesto a trabajar muy duro para conseguirla. Además, después ya no necesitaría trabajar pues con 100 monedas de oro sería un hombre muy rico y podría vivir tranquilo.

Tras hacer muchos números, llegó a la conclusión de que le llevaría unos 12 años ahorrar lo necesario para llegar a la moneda 100. " 12 años es mucho tiempo, pensó ". Pero si su esposa comenzaba a trabajar, y él conseguía otro empleo una vez terminadas las tareas en palacio... ¡ 7 años !. Seguía siendo mucho tiempo. Entonces pensó que podían vender parte de la comida que traía del palacio; ¿hacía falta comer tanto?. También podía vender parte de las ropas de invierno. Y sólo les hacía  falta un par de zapatos ¿ para qué más ? ¡ vender, vender ! ¿ qué más podían vender para que en 4 años -y no más - pudieran tener la moneda número 100?

Después de contemplar toda esta escena, el Rey y el Sabio regresaron al palacio y tal y como este último pronosticó, en los sucesivos meses, el paje se convirtió en un sirviente ceñudo, taciturno y malhumorado, hasta que una mañana, cuando el Rey le preguntó que por qué ya no cantaba ni sonreía, éste le respondió de malos modos -"Hago mi trabajo ¿ no ? ¿ Qué quería su Alteza, que además fuera su bufón y su juglar ?"- Ese fue el último día que el Paje pasó en el palacio, pues el Rey lo despidió...


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En el orden mundial actual se nos educa en esta ideología - la maquinaria capitalista lo necesita para seguir existiendo -:

Siempre nos falta algo por lo que la felicidad y la sensación de plenitud no se alcanzan nunca pues siempre estamos persiguiendo lo que no tenemos en vez de agradecer y disfrutar de lo mucho que sí tenemos. Pues ¿ acaso las 99 monedas no son el tesoro al completo ?. Esto no quiere decir que no debamos perseguir objetivos, progresar, querer crecer, pero -a mi juicio- también debemos ¡DAR LAS GRACIAS MÁS A MENUDO!.



¿ QUÉ OPINÁIS ?


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Y como siempre ¡música!. Esta vez la maravillosa e inquietante versión que del famoso Adagio para cuerda de Albinoni, hacen The Doors






¡¡HE VUELTO!!   ( O eso creo )

3 Dejásteis Huella...:

lazy girl dijo...

Bueno, me parece que la parábola está muy bien, y la lección es clara. Pero vamos, no me lo creo. El paje más que nada era un "infeliz"...

Y dicho esto, el adagio, precioso...

Anónimo dijo...

Me ha gustado mucho el cuento, que es real y frecuente, como la vida misma, más de "muchas" veces lo hemos comentado, nos preocupamos por lo que nos puede ocurrir y si no llega el problema que creíamos que nos ocurriría,el berrinche pasado sufrido ¿quién nos lo quita?, ¿ dónde van los besos que no damos,ni el tiempo que no disfrutamos, pudiendo hacerlo?
Precisamente me dispongo a leer "Tus zonas erróneas " para intentar limar algunas cosillas.
Besos de amor verdadero, me da mucha alegría tu vuelta.Lucía

Thalía dijo...

Lazy Girl: Sinceramente no creo que el paje fuera un "Infeliz"; yo veo actitudes como ésta cada día a mi alrededor y no sólo con lo material a nivel económico... El adagio, efectivamente a mí me parece una maravilla y esta versión, atrevida y muy bella.

Luciíta: Cada día pongo más en práctica el "aquí y ahora". Hemos de dejar a un lado el pasado pues no condiciona generalmente en negativo y el futuro es incierto e incluso puede ni llegar; de modo que el presente es lo único que debe contar.

¡ Un abrazo a ambas !